Amante peligroso romance Capítulo 340

En el hospital, la puerta abrió silenciosamente, esta vez, Andrés no había avisado a nadie.

Lázaro vino con mucha prisa, vio a esa mujer.

Él tampoco dijo nada, Ivana le cogió a Lázaro hasta el pasillo, la puerta abrió y cerró.

El hombre que estaba en la cama del hospital, estaba durmiendo.

No sabía de qué estaba soñando, el ceño fruncido demostró que él no estaba durmiendo bien.

La mano que estaba encima de la sábana tenía un anillo puesto.

La mujer se acercó lentamente, finalmente se paró delante de la cama.

La mirada de la mujer se cayó en el anillo.

No sabía de qué estaba pensando.

Solo estaba mirando fijamente al anillo durante mucho tiempo.

No sabía cuánto tiempo había pasado, el hombre abrió los ojos y vio a esa persona que solía aparecer en su sueño.

Él le sacó una sonrisa en su cara pálida, -Otra vez estoy soñando.-

Como si fuera amigos que no habían visto durante mucho tiempo, él le dijo con mucho cariño, -Que bien, aún quieres aparecer en mi sueño.-

La mujer que estaba al lado de la cama dejó su mirada en el anillo, cambió hasta la cara de esa persona, solo un par de meses y se adelgazó muchísimo.

O bien era por sus palabras, o bien por lo cariñoso y cordial que era.

Ella no quería pensar en cómo debería actuar para demostrar que ella le odiaba.

Ella siguió a su corazón, se agachó y le besó en la frente, -¿Es un sueño?-

Ella preguntó.

Él estaba muy sorprendido, a su vez con mucha felicidad, sacó una sonrisa y dijo, -Es un sueño.-

Ella también se rio, como si hubiera olvidado todo el odio que había entre ellos, se había olvidado todo sufrimiento que pasó, como los amigos que no habían visto durante mucho tiempo, y le pellizcó en el brazo, -¿Es un sueño o no?-

El dolor de repente despertó al hombre, estaba sorprendido y le parecía muy extraño, no se lo podía creer en lo que había visto, se cerró los ojos, tenía miedo de que ella desapareciera cuando abrió de nuevo los ojos.

-Me duele.- él dijo, -Pero no me parece que es real, házmelo otra vez.-

Ella cogió la manzana que estaba al lado, la depiló en silencio, en poco tiempo, una manzana pelada había sido acercada hasta la boca del hombre.

La manzana tenía un olor muy bueno, pero él tenía miedo de cogerla, porque no podía creer en lo que estaba pasando, pensaba que era imposible.

Quién podría saber si cogió la manzana, en el segundo siguiente ya se desapareciera.

-¿Cuándo es la operación?- Ella tampoco tenía prisa, con la manzana en la mano.

El hombre se puso nervioso de repente, -Quién te ha dicho eso?-

-¿Mañana o la que viene?- ella preguntó de nuevo, no le hizo caso a su pregunta.

-… La que viene.- él la miró fijamente, todo el mundo decía que él era perseverante, en realidad ella era más perseverante que él, no se iba a parar si no le daba la respuesta.

La mujer asintió, le acercó de nuevo la manzana, -No quieres comer, la he pelado yo.-

Ella dijo.

Lo de “la he pelado yo” dejó al hombre muy conmovido, nunca había sido débil pero en ese momento casi se lo cayó lágrimas, él parpadeó de prisa para que no las salieran, y cogió la manzana.

La comió poco a poco, como si no fuese una manzana, sino fuera la ambrosía.

Era dulce.

Estaba un poco aturdido, no podía adivinar la razón de su visita.

Él estaba comiendo la manzana mientras que ella le peló otra.

El hombre terminó justo cuando ella había terminado de pelar la segunda, y le dio de nuevo.

El hombre no dijo nada, cogió la manzana y se la comió.

Segunda, tercera… Hasta la quinta, él ya no podía más, aunque le gustase tanto la fruta, no podía comer tantas a la vez, además, no le gustaban las manzanas.

-Come un poco más, sino luego no vas a tener fuerza.- la mujer dijo con tranquilidad.

Él se sentía muy extraño, ¿no iba a tener fuerza? ¿El que no fuerza?

Cuando él aún estaba pensando en lo que significaba la mujer, ella habló, -¿Enserio no quieres más? ¿Ya estás lleno?-

-Estoy lleno.-

Él no entendía en lo que se refería la mujer, ¿estaba lleno de comer manzana?

Él no le entendía nada, tenía muchas dudas.

La mujer se fue hacia la puerta.

Esto provocó una profunda decepción al hombre.

Él la quería parar, pero no dijo nada… No sabía cómo iba a ser el resultado de la operación.

Él quería darle el mundo entero, darle felicidad, quedarse con ella toda su vida… Se convirtió en un sueño en ese momento.

Nadie sabría si él moriría después de la operación.

Y por qué ella vino a su habitación esa noche… Bueno, bueno, que ella hiciera lo que quisiera.

La puerta había sido cerrada con llave.

Él la había visto volver, -Tú…-

La mujer se quedó delante de su cama, le miró fijamente en silencio durante un rato, raramente se quedó muy vergonzoso por su mirada,

-Yo sé que me odias, incluso ahora quieres que muera, mientras estés feliz, a mí no me importaría. Pero no quiero que hagas un asesinato por mí, puedes esperar hasta mi operación, tú no te preocupes, la tasa de éxito de la operación es muy pequeña, todo lo que te debo, te lo devolvería sí o sí. Tú ya no te metes en un crimen, aunque tú no te importas, a mí… sí que me importa.-

Cuando se enteró de que ella había comprado el billete de avión, pero volvió por la noche, apareció en su habitación, y cerró la puerta… Claro, él le debió demasiado.

Le había dañado demasiado. Con tanto que le odiaba, tampoco era imposible.

Pero eso, no hacía falta que lo hiciera ella.

La mujer le estaba escuchando en silencio, en el segundo siguiente, le sacó la mano.

-Enserio, no hagas un crimen por mí…-

Ni había terminado la frase, la sábana había sido quitada, una persona delgada entró.

De repente ella estaba muy pegada con él.

Él se quedó quieto, no sabía qué hacer.

-Tú, yo…-

Ella le desabrochó la camiseta, y se sentó encima suya.

-Pero tú…-

Los botones habían sido desabrochados, ella se agachó, y le besó.

Si él podría controlarse, ¡entonces él ya no era un hombre!

Estaba atónito, y no tenía ni idea de qué estaba pasando.

Pero el cuerpo ya se había reaccionado, la cogió de su cadera delgada, y la besó de vuelta.

En el otro lado de la puerta, Andrés había escuchado el sonido de la llave, se puso muy nervioso y quería llamar a la puerta.

Pero Ivana le paró.

-La puerta está cerrada con llave, si la señora quiere hacerle daño al jefe…-

-Pero tú tampoco estás seguro.- Ivana le refutó.

Lázaro con una cara seria, -Pero tampoco sabes que no, ya era muy extraña que había vuelto, ¿no?-

-El señor Lázaro también piensa así, quítate, no me detengas, ¡el jefe está en peligro!- Andrés estaba muy enfadado, -¡Voy a entrar!-

Ni acabó la frase, los tres escucharon el sonido muy erótico.

Todos entendieron de qué era el sonido.

La cara de Andrés se quedó totalmente roja en un instante.

-Rompe la puerta, tu jefe está en peligro.- Ivana le burló.

Lázaro era más listo, con la mano en el bolsillo de sus pantalones, se fue silenciosamente.

Dentro de la puerta era otro mundo, la mujer se levantó, puso su ropa sin ninguna palabra.

-Joaquín, no hemos usado anticonceptivos esta vez.- La mujer dijo con tranquilidad.

-Nadie sabe si aquí,- Ella acarició suavemente su tripa, -tiene una vida o no.-

-Tú…-

-Ya sabes, te odio mucho, y has dicho tú mismo de que me debes mucho y me has dañado mucho. Entonces tendrías que saber que tanto te odio.-

Los ojos del hombre se quedaron sin esperanza, -Denis…-

-Te estás muriendo de enfermedad, antes de que mueras, me tienes que devolver un poco de interés. Si estás muerto, yo no puedo pedir deudas a un hombre muerto. La tasa de éxito de tu operación es muy baja, si la operación falla y te mueres, dejaré que tu hijo llame a otra persona padre.-

El hombre se negó de prisa, -¡No puede ser!-

La mujer le miró al hombre sonriendo, -Por supuesto, con tanto te odio, no te dejaré tranquilo.-

La mujer le consoló, -No te preocupes, yo te aseguro de que tu hijo crecerá acompañado de un padre.-

El hombre estaba muy ansioso, -Mi hijo, por supuesto, tendrá un padre acompañado.-

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